miércoles, 16 de octubre de 2013

TAN CERCA

Ella terminó de comer primero, puesto que yo era quien más hablaba y, después de recoger su plato, fue hasta mi lugar, me tomó de la mano y me sacó de la cocina sin importarle que aún no terminara. Me condujo hasta el fondo del pequeño patio plagado de jaulas con canarios, subimos la oxidada escalera en forma de caracol y nos introdujimos en el primer cuarto del corredor de la segunda planta. Ella me dijo que ese era el cuarto de su tía, una habitación amplía, pintada de azul marino y con una cama matrimonial, perfectamente tendida, en el centro. La puerta del cuarto se abría hacia adentro y, al cerrarla, dejaba al descubierto el pequeño closet de madera detrás de ella. A pesar de que el cuarto estaba bien iluminado por dos ventanas que daban al corredor, el closet lucía oscuro y no permitía ver nada concreto en su interior. Entonces ella se metió en él y me llevó consigo; no era un sitio tan estrecho, de hecho, moviendo un poco las prendas ahí colgadas y apartando los zapatos del piso, ambos cabíamos cómodamente. Bromeando un poco, le pregunté si ese era el “cuarto de los besos”; yo podía ver un poco su rostro y, en particular, el brillo de sus ojos. Ella no me respondió nada y sólo sonrió un poco, creo que con cierto nerviosismo. Sin pensarlo, casi por instinto, extendí mi brazo izquierdo fuera del closet, tomé la chapa de la puerta del cuarto y la comencé a abrir para que tapara la entrada al armario y la oscuridad reinara. Cuando su rostro desapareció bajo las sombras, la tomé de las manos, cerré los ojos luego de que ella los cerró, y me aproximé buscando sus labios. Mi corazón se aceleró, mis manos transpiraron y continué acercándome, pero algo raro ocurrió: por más que me estiré no llegué a ella.


Entonces abrí los ojos y sólo vi oscuridad, los cerré y los abrí de nuevo y ante mí apareció mi cuarto. Me encontraba recostado en mi cama, en posición fetal, con mi rostro extendido hacia enfrente y con mis labios en forma de “trompita” queriendo besar algo inexistente. La situación se me hizo de lo más tonta y morí de risa. Soñé con ella, no la besé, pero me alegró la tarde. 

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